En el mundo de la náutica es muy fácil perder decenas de miles de euros.
Mi trabajo es evitar que tú los pierdas.
Quieres disfrutar del mar, no pelearte con brókers, vendedores ni jefes de astillero. Soy ingeniero naval. No me dedico a venderte la moto ni a contarte lo bonito que es navegar.
Quieres el barco, no los problemas. Por eso los armadores inteligentes delegan en mí. Como ingeniero naval, rastreo el mercado para encontrarte la mejor opción, taso su precio justo, lo destripo para asegurarme de que no compras un problema, y controlo las reparaciones y refits para que nadie se pase de presupuesto. Tú navegas. Yo me ensucio las manos.